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Ventanas rotas

¿Por qué un vidrio roto en un vecindario es capaz de disparar todo un proceso delictivo? Es algo que tiene que ver con la psicología humana.Un vidrio roto da idea de deterioro, de desinterés, de despreocupación, algo que va horadando códigos de convivencia, de normas, de reglas, dando la impresión de que “vale todo”.


Cada nuevo vidrio que sufre un ataque reafirma y multiplica esa idea, hasta que la escalada de actos cada vez peores se vuelve incontenible. Si se rompe un vidrio de una ventana de un edificio y nadie lo repara, pronto estarán rotos todos los demás.Si una comunidad exhibe signos de deterioro y esto parece no importarle a nadie, entonces allí se generará el delito. Si se cometen “pequeñas faltas” -estacionarse en lugar prohibido, exceder el límite de velocidad o pasarse una luz roja- y no son sancionadas, entonces comenzarán a producirse faltas mayores y luego delitos cada vez más graves. Si los parques deteriorados son abandonados por la mayoría de la gente -que deja de salir de sus casas por temor a las pandillas-, esos espacios serán ocupados por los delincuentes.

La teoría de las ventanas rotas fue aplicada por primera vez a mediados de la década de los ‘80 en el metro de Nueva York, que se había convertido en el punto más peligroso de la ciudad. Comenzaron por combatir las transgresiones: suciedad, ebriedad, pequeños robos y desórdenes. Los resultados fueron evidentes. Comenzando por lo pequeño, se logró hacer del metro un lugar seguro. En 1994, Rudolph Giuliani, alcalde de Nueva York, basado en la teoría de las ventanas rotas y en la experiencia del metro, impulsó la política de “tolerancia cero”. El resultado fue la caída de todos los índices criminales de la ciudad.